VICTOR Y RAMIRO Cap. 3

EMPIEZA DESDE EL PRINCIPIO: https://laurent-kosta.com/2022/10/02/victor-y-ramiro-cap-1/

Lo que más le gustaba a Ramiro de la semana de la moda eran las posibilidades de sexo en cada esquina. Era como una gran y sofisticada sala de cruising. Todo el mundo quería follar.

10:00 horas.

Ramiro pasó a hacer fotos del backstage de las pruebas para la pasarela que tendría lugar al día siguiente. Los estilistas estaban ocupados con los complementos de las modelos femeninas, mientras que tres de los modelos masculinos se distraían junto a la mesa del catering en el que el desayuno que había caído ya en el olvido. Apartado en una silla, Ramiro se acercó a un modelo algo maduro, debía pasar de los treinta, sabía que lo había visto en otras ocasiones, aunque no recordaba su nombre. Tenía pinta de estar aburrido. Recostado sobre la silla, con un traje oscuro, camisa rosa verde, y la corbata desatada colgando del cuello, se distraía con su teléfono móvil. Ramiro se acercó y le hizo una foto.

—Mas te vale sacarme bien, si vas a publicar eso.

Podría discutírselo, o darle explicaciones, pero sabía que no serviría de nada. De nada servía cabrear a los modelos.

—Por supuesto —le aseguró. Le ofreció tabaco que el modelo rechazó y encendió un pitillo, se quedó fumando delante suyo —¿Mucha tensión? —el hombre respondió con un gesto ambiguo — ¿Puedo hacer algo para que te relajes?

Entonces el modelo olvidó su pantallita y se fijó en el fotógrafo, evaluándolo por unos instantes. Ramiro le aguantó la mirada con su pose chulesca, dando otra calada lenta a su cigarrillo, y el otro sonrió. El modelo, como se llamara, se levantó de su silla, echó un vistazo a su alrededor, y con un escueto —vamos —le indicó que lo siguiera.

Se ocultaron en uno de los cambiadores, tras una cortinilla. Era alto, hombros anchos, piel morena y llevaba una calculada barba de dos días que le daba un gesto duro a su mandíbula angulosa. Se bajó los pantalones para revelar una polla grande y dura. Ramiro se relamió ante esa belleza, se arrodilló ante él, y se la metió en la boca, lamiendo y disfrutando de esa polla jugosa. Era grande y ancha, y le cabía con dificultad en la boca, pero el tipo parecía tener prisa, y empezó a empujarla sin miramientos hasta su garganta. Debía tener ganas de correrse, o poco tiempo para hacerlo, agarró a Ramiro de la nuca con una de sus manos para acelerar las embestidas, y comenzó a follarle la boca con urgencia. No tardó en correrse en su garganta, dejando escapar un gruñido grave de placer al tiempo que su semen se disparaba en su boca. Ramiro estaba muy cachondo, pensó que continuarían, pero el modelo se acomodó la camisa en el traje y salió del cambiador sin dedicarle una sola mirada. Ramiro se limpió los restos de la cara y se marchó.

14:00 horas.

Tras la rueda de prensa la jefa de comunicación de la semana de la moda insistió en invitarlo a comer. Pensó que irían alguno de los restaurantes o cafeterías del entorno, pero acabaron en la habitación de hotel de Roxanna. Ella pidió unos sándwiches a la habitación, y ya se habían bebido una botella de vino antes de que llegara la comida. No había dejado de meterle mano desde la rueda de prensa, y sus ataques se volvieron menos tímidos, si era posible, en la habitación. Ramiro sabía que acabarían así, pero sabía también que era bueno tener contentan a la PR del evento, asi que se dejaba un poco, aunque no pensaba ir mucho más lejos.

Con la segunda botella de vino, casi la tenía encima, su mano sobre su paquete, —Alguien está contento … —decía ella metiéndole la lengua en la oreja.

—Venga, Roxanna, se buena conmigo…

—Oh, tu sí que estás bueno…

Sus manos se habían colado por debajo de su camiseta, y las restregaba por su cuerpo, acariciando sus abdominales y sus pezones, mientras Ramiro hacía lo posible por apartarla. En el fondo sabía que lo que le daba morbo era que él se resistiera. Ese era el juego. Roxana era una mujer atractiva, bastante mayor que él, debía estar cerca de los cuarenta, y estaba casada, pero se cuidaba bien y tenía un buen cuerpo. Le ponía mucho intentar seducir al jovenzuelo gay y ponerlo en un apuro.

—Tengo que irme, Roxanna…

Al fin consiguió escabullirse de entre sus garras. Ella hizo pucheros al ver que se le escapaba. —No, no puedes dejarme así… —aunque en el fondo Ramiro estaba seguro de que no había esperado que acabaran en la cama.

Al fin a solas en el pasillo del hotel, se dio cuenta de que estaba algo ebrio y muy cachondo. El día iba a ser muy largo.

18:00 horas.

Entró en la sala de la revista L’Homme y se encontró a Dennis a solas trabajando en su despacho, de pie frente al ordenador que iluminaba su rostro de mofletes carnosos, y nariz ancha sobre la que mantenía en equilibrio unas lentes progresivas.

—Oh, no, no Ramiro —comenzó a decirle en cuanto lo vio —no vengas a pedirme nada.

—Vamos Dennis, dame un pase para Gautier, no puedo perdérmelo.

—Ya tengo dos fotógrafos en Gautier ¿por qué querría uno más?

—Porque en el fondo te caigo bien… —siguió con su mejor sonrisa y su voz más sensual —y sabes que haría cualquier cosa…

Dennis levantó la mirada y se quitó las gafas para dedicarle una mirada intencionada a Ramiro, y dejó escapar un suspiro sabiendo que en el fondo ya había perdido la partida. Ramiro sabía que no podía resistirse, por mucho que se esforzara, y eso cumplía su función, aunque también cabreaba a Dennis que en el fonde se sentía manipulado.

—Cierra la puerta. —Le indicó con gesto serio.

Ramiro cerró la puerta de la oficina con pestillo, y se quitó la camiseta mientras se dirigía en dirección al director de una de las revistas más importantes de moda masculina. En cuanto se acercó, Dennis lo encerró contra la mesa, y empezó a lamerle el cuello, restregando su cuerpo flácido contra el del joven fotógrafo. Dennis no le resultaba atractivo, estaba calvo, gordo, y era demasiado mayor para él, pero no le importaba, la idea de que lo usaran como un objeto sexual le ponía muchísimo. Las manos fofas de Dennis recorrían su torso sin descanso, le desabrochó el pantalón, y se lo bajó un poco, dejándolo semi desnudo contra su mesa, mientras que él seguía vestido. Le agarró la polla y empezó a masturbarlo.

—¿Te gusta así?…

—Sí… —jadeaba Ramiro.

—Joder, que vicio tienes…

Dennis lo observó correrse entre sus dedos, disfrutó de sus gestos de sus gemidos y sus jadeos.

Se limpió las manos mientras Ramiro volvía a vestirse, luego buscó un pase de prensa para la pasarela de Jean Paul Gautier, una de las más cotizadas en esa edición, y se la pasó al fotógrafo.

—Si haces alguna buen, igual hasta te la publico.

—Ya verás que sí. Te van a encantar.

Dennis lo despidió sacudiendo el aire con una mano, como si se apartara una mosca mientras se reía. —Eres un liante…

—Y te encanta…

20:00 horas.

Había quedado a cenar con Tony, Al y su equipo. Ocupaban una mesa larga en un restaurante de comida española, cochinillo, cordero, nada sofisticado, comida de verdad, como le gustaba a Alfred. Eso sí, buen vino y buena compañía. Se conocían bien, y había un ambiente festivo, los meses de trabajo intenso llegaban a su conclusión al día siguiente, todo estaba saliendo bien, y había buen animo y ganas de bromear después de meses de tensiones y jornadas de trabajo maratonianas.

—¿Dónde has estado? —indagó Tony —no te hemos visto en todo el día.

—Estuve en la prueba.

—Eso fue esta mañana…

—Déjalo, Tony —lo riñó su marido —Está ocupado con su trabajo.

También estaba Víctor, con quien cruzó un par de miradas desde lados opuestos de la larga mesa. Pero no tenía tiempo para él. Tenía otros planes esa noche.

—Me voy —anunció levantándose antes de los postres, y el resto protestaron. —Tengo pase para Gautier —presumió.

—¿Cómo lo has conseguido? —indagó Tony.

—Tengo mis recursos… —y no ocultó una sonrisa reveladora mientras lo decía—. ¿Os veo luego en la fiesta?

—Mañana tenemos que madrugar… —se lamentó Al.

—Y tú también. —añadió Tony —No olvides que mañana es el pase.

—Ya lo sé, me lo has repetido unas veinte veces durante la cena.

—Pues no te acuestes demasiado tarde…

—Deja que se divierta, Tony, es joven…

Tony le lanzó una mirada de reproche a su marido, que siempre lo frenaba cuando intentaba imponerle límites a Ramiro, ejerciendo como madre adoptiva. Aunque todos sabían que Ramiro era un espíritu indomable, y que cualquier intento de doblegarlo era fútil.

Se despidió de todos con besos, y sonrisas, y al pasar por delante de Víctor le guiñó un ojo. Le divertía mucho follarse al abogado de Tony y Al a sus espaldas, sobre todo por lo azorado que se veía el siempre serio e impecable Víctor con sus insinuaciones.

23.00 horas.

Tras la pasarela se encontraba en una de las fiestas más codiciadas de la semana de la moda. Volvía a estar cachondo y muy colocado, llevaba ya varias copas de más y alguna ralla fugaz. Bailaba en la pista, sumergido en narcóticos, y se dejaba manosear, pero no se iba a ir con cualquiera, quería un pez gordo y en esa fiesta había unos cuantos.

No tardó en caer uno. Jean Paul, no le modisto, otro, un actor francés de nariz picasiana y mirada intensa que había visto en películas independientes, aunque también había hecho de villano en alguna producción holliwoodense. Era atractivo de esa forma que lo son los hombres de mirada inteligente y estatus social. Estuvieron un rato largo jugando a mirarse entre el tumulto de la gente, pero ninguno de los dos cedía el poder. Porque Ramiro tenía claro que de so iba el juego, de ver quién tenía el poder, y sabia que él era el eslabón débil, pero precisamente por eso le gustaba el reto de conseguir doblegarlos y que se rindieran, pues él era joven y guapo. En uno mas de sus cruces de miradas, el actor francés hizo un gesto de rendición riéndose, como si hubiera comprendido la cabezonería del joven que llevaba lanzándole miradas insinuantes toda la noche. Lo siguiente que vio es al francés hablando con un camarero, que acto seguido le trajo una copa a Ramiro de parte del caballero francés. Un gesto conmovedor, pensó Ramiro, si no fuera porque las copas eran gratis en esa fiesta. Pero había sido una forma elegante de dejar la pelota en su tejado. Aun así, no iba a perder el tiempo dándole conversación. Ramiro cruzó el local entre la gente, en dirección al francés, pero no se detuvo a charlar, pasó muy cerca, le lanzó su mirada más directa y siguió en dirección a los servicios. El actor se disculpó con sus comensales y salió siguiendo su estela.

Ramiro lo esperaba apoyado en los lavabos fumando un pitillo en el baño de caballeros. No se hablaron, el actor entró, se lavó las manos a su lado, se miraron, Ramiro apagó el cigarrillo, y caminó hacia uno de los cubículos seguido de cerca por el francés. En cuanto cerraron la puerta, se encontraron cara a cara en el reducido espacio, tenía los ojos claros y saltones, mirada cansada, de cerca se le notaba más la edad. Le dijo algo en francés, algo sobre lo guapo que era creyó entender, antes de besarlo. Besaba bien, sus labios y su lengua recorrían su boca, degustándola con placer. Entonces le agarró el rostro con fuerza, atrapándolo contra la pared metálica del cubículo, mientras empezaba a desabrocharle la camisa. Volvió a besarlo, o más bien a lamerlo, esta vez con brusquedad, con su boca grande, en un gesto que tenía algo de posesivo, y a Ramiro le gustó su violencia. Le ponía mucho que lo utilizaran, que lo trataran como a una puta. Le lamió el torso desnudo, le mordió los pezones con fuerza. Luego se apartó, se bajó los pantalones y le ofreció su polla dura, y Ramiro obediente se agachó y empezó a chuparla, y lamer las venas hinchadas que recorrían su tronco. Cuando estaba dura y preparada el actor le indicó que parara. Le ofreció Popper, que Ramiro esnifó mientras volvía a hablarle en francés.

De cara a la pared fría llena de pintadas obscenas, el francés empezó a follarlo. Entraba bien y hasta el fondo, chocando con sus nalgas en cada embestida. Mientras sus manos lo agarraban con fuerza de la cintura. Acelero el ritmo con prisa por acabar, y cuando se corrió dentro de él hundió la cara en su cuello con un gemidos agónico y agotado, recobrando el aliento tras el esfuerzo.

Y ya está, sexo de usar y tirar. Ramiro seguía muy cachondo cuando el actor empezó a acomodarse la ropa. —Dame tu número, te llamaré —le dijo con su marcado acento francés.

—Nah, paso.

—No es broma, te llamaré.

—Dame tú el tuyo. Te llamaré yo.

El actor volvió a reírse. —Está bien —concedió. Sacó un rotulador de su americana negra, le cogió el brazo, le subió la manga de la camisa, y escribió un número de teléfono, tal vez el suyo, o tal vez no. Luego volvió a besarlo una última vez —Eres un chico muy guapo. Espero que llames.

Luego se marchó.

Ramiro salió del cubículo, se encendió un cigarrillo y fumó un rato. Entonces se limpió la tinta del brazo, no pensaba llamarlo, le importaba una mierda. Sacó un Valium y se lo tomó con un trago de agua y salió caminando despacio.

2.00 horas

Era de madrugada cuando salió del local, en dirección a la siguiente fiesta de la noche. No tenía ganas de ir a dormir aún, pero estaba muy colocado.

Entonces se encontró a Víctor en la calle, impecable y perfecto con su traje gris perla, como de costumbre, apoyado junto a un BMV plateado. —Vaya, Vic —se alegró de verlo —justo a tiempo.

—¿Te llevo?

Víctor era atento en la cama, se tomaba su tiempo y era generoso con sus amantes, era justo lo que necesitaba para acabar la noche.

—Por supuesto.

Subieron al coche, y condujeron hasta el hotel en el que se alojaba Ramiro. Entre el movimiento del coche y el efecto del Valium comenzó a sentirse algo grogui. Estaba muy relajado, y las luces intermitentes de la ciudad pasando por la ventanilla creaban un efecto hipnótico.

—Hemos llegado —La voz de Víctor lo despertó. No debían haber pasado más de diez minutos, pero había perdido el conocimiento por completo durante unos minutos. Era bueno que no estuviera solo. Al bajar del coche notó los efectos del exceso de narcóticos en su cuerpo, y estuvo a punto de perder el equilibrio e irse al suelo.

Víctor lo agarró del brazo para subir a la habitación, pero Ramiro, orgulloso como siempre, se reveló —Puedo solo —aseguró poniéndose en marcha. Consiguió pedir la llave de su habitación en la recepción sin problemas, y subieron a la habitación.

En cuanto estuvieron a solas, Víctor comenzó a desvestirlo. —¿Andamos con prisa? —bromeó el fotógrafo, lanzándose a su cuello para besarlo, y Víctor le respondió con una carcajada breve.

—Me parece que ya has tenido bastante fiesta por hoy.  

Ya sin camisa Víctor lo guio hasta la enorme cama doble de la habitación y le bastó un pequeño empujón para que Ramiro se desplomara sobre el mullido colchón. Entonces le quitó los zaparos y los pantalones, y, para su sorpresa, luego lo tapó con la manta.

—¿Qué haces?

—Tengo entendido que cuentan contigo mañana por la mañana. Creo que sería una buena idea que duermas un rato.

—No pensaras marcharte… venga, que estoy muy cachondo…

—Buenas noches, Ramiro.

Y el abogado se dirigió hacia la puerta. Le hubiera gustado levantarse y detenerlo, pero justo en ese momento sintió que su cuerpo se había vuelto demasiado pesado.

—Oh, vamos, Vic…

—No tienes remedio —le escuchó decir antes de que la luz se esfumara y el cuarto quedara a oscuras. Tras el sonido de la puerta cerrándose, notó el sopor adueñándose de él. Víctor era un tipo legal, alcanzo a pensar, antes de quedarse dormido.

Sí que lo era… tal vez ese era el motivo por el que, unos meses más tarde, fuera su casa a la que decidiera acudir en la peor noche de su vida.

Enzo conducía como un loco por la ciudad vacía.

—¡Joder! ¡Tenemos que hacer algo, Enzo! ¡Joder! ¡No podemos…!

—El ragazzo está muerto ¿Me oyes? —le gritó de vuelta —No hay nada que hacer ¿me oyes?

—¡Joder, joder, joder…!

Enzo lo dejó en la puerta de su casa, de la casa de Tony y Al en la que aun vivía a la espera de que le dieran su nuevo piso. Bajó del coche con urgencia. Enzo bajó tras él, lo detuvo en el camino, le agarró la cabeza con fuerza para obligarle a mirarlo. —¡Ni una puta palabra, Ramiro! Niente. Esa gente no bromea… No abras la boca y todo irá bien ¿Capisci?

Enzo se marchó en su coche, y Ramiro se quedó en la calle oscura y vacía observando cómo se alejaba. Supo que no podía subir. No conseguía controlar sus nervios, se iba a volver loco. Si ellos lo veían así, no lo dejarían en paz… a ellos no les podía mentir, lo sabía, lo obligarían a ir a la policía… Sin pensarlo mucho comenzó a caminar… todo se había ido a la mierda ¿Cómo habían podido llegar tan lejos? No podía quitárselo de la cabeza, aún sentía el olor… y ese chirrido agudo como un grito… mierda, mierda, mierda… ¿Cómo podía fingir que no había ocurrido? Sin darse cuenta había empezado a correr, como si huyera de algo. Corrió como un loco hasta que empezó a faltarle el aire. Entonces se detuvo, y comenzó a temblar, con las manos en la cabeza, comenzó a llorar sin control.

Después de un rato consiguió calmarse un poco, le dolía la cabeza, y los ojos… se sentía completamente perdido. Y de golpe, supo que solo había una persona en la que podía confiar.

Siguió andando hasta llegar a su puerta.

—Perdona, yo… No sabía a donde ir.

Un relato de Laurent Kosta

LAURENT KOSTA: NOVELAS Y RELATOS www.laurentkosta.com

SIGUIENTE CAPITULO: https://laurent-kosta.com/2022/11/13/victor-y-ramiro-cap-4/

6 comentarios sobre “VICTOR Y RAMIRO Cap. 3

  1. Joder!! Ahora a esperar otra vez cómo sigue… 🤦🤦🤣🤣🤣… Desde luego éstos dos dan para mucho… No me extraña q su historia pudiera haber acabado de otra manera.
    Pobre Víctor, lo q aguanta sólo lo sabe él…

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  2. solamente esta historia ha sido capaz de poner mi alama en un hilo, ahora puedo ver la razón de todas la culpas y de fantasmas que persiguen a Ramiro cuando conoce a Iván, creo que cuando acaben las historias de este universo quedaré devastado.

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