EL CASTING

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—Pasa — se escucha una voz de hombre que habla detrás de la cámara. Un chico joven, de pelo oscuro, unos veinti-pocos, asoma con timidez desde la puerta del fondo. Duda. Quizás no se esperaba que le recibieran con una cámara encendida —… siéntate, ponte cómodo — insiste la voz en off, intentando inculcar algo de confianza a su interlocutor. El chico obedece, camina despacio hacia el sillón de cuero morado que preside esa habitación cutre que alberga pocos muebles más. Una vez sentado mira a la cámara, mira a quien maneja la cámara, observa la habitación a su alrededor, ¿decepcionado, tal vez? —¿Estás nervioso? —pregunta el hombre de la cámara.

—Un poco…

—Tranquilo, vamos a charlar un rato primero.

—Vale —el joven sonríe, y por un momento jurarías que podría ser tu hermano pequeño.

—¿Cómo te llamas?

—Yeray

—¿Cuántos años tienes, Yeray?

—Veintitrés… —y la conversación sigue durante unos instantes por otros terrenos insustanciales, y averiguamos que Yeray dejó la universidad, que está en un grupo de teatro, que le gusta salir a bailar por las noches y que vino a la capital desde un pueblo de León a los dieciocho. Nada de eso es realmente relevante. La voz, experta, le habla con calma, deja que se crea un pequeño vínculo, aunque el chico sigue sonriendo nervioso, mirando de reojo, sin saber muy bien hacia donde, enredando sus dedos unos con otros entre sus piernas.

—¿Por qué quieres dedicarte al porno? —al fin entramos en el tema. Yeray mira al suelo, sonríe como un crio que ha hecho una travesura, puede que aún no se crea del todo que ha venido a esto.

—Por la experiencia… —empieza, no muy convencido —me gusta viajar… para conocer gente…—bonitas razones, pero olvidas la principal ¿verdad? Como no se anima, la voz se lo recuerda.

—¿Por el dinero?

Yeray se ríe, —sí, también por la pasta… —y parece avergonzado de admitirlo.

—Eso está bien… no hay nada malo en hacerlo por dinero—le anima la voz — ¿Y por qué crees que se te dará bien el porno?

Ante la pregunta, el chico reacciona abriendo la boca y los ojos con el gesto de sorpresa de una chiquilla, pero enseguida se recompone, se muerde el labio inferior, luego mira a la cámara con cierto descaro y se arma de valor para contestar —Porque… dicen que hago muy buenas mamadas… y puedo ser un buen pasivo… y un buen activo…

—Muy bien —sigue la voz —ahora necesito que firmes esto —dice al tiempo que una mano sale desde detrás de la cámara para poner una hoja sobre la mesa de un escritorio que descubrimos ahora —dice que nos autorizas a filmarte y que consientes que enviemos las imágenes a las productoras… —mientras termina de explicar, el chico se acerca a la mesa, ojea el documento, no llega a leerlo del todo, y lo firma. Habiendo cumplido con los requisitos legales, el proceso continúa—Vale, desnúdate —invita la voz con delicadeza, aunque suena más a las instrucciones de un médico que las de un amante. El joven aspirante, no obstante, no parece alarmado, se quita la camiseta con naturalidad, quizás más cómodo ahora que sabe lo que se espera de él, dejándonos descubrir un cuerpo escultural, esbelto, de musculatura firme, hermoso. Mientras se quita los zapatos y los pantalones, la voz continua con la conversación ociosa —¿Y qué es lo que estudiabas?

—Empecé filología inglesa —dice, sin dejar entrever su inquietud.

—¿Hablas inglés?

—Un poco…

—Eso está bien…

Mientras el chico explica su decepción con la carrera universitaria, y los problemas económicos que le han llevado a abandonar, la cámara se acerca, seguida por la voz que sigue en su papel de entrevistador en un tono distante y algo paternal. Una mano surge desde detrás de la cámara, el hombre de la voz empieza a acariciar al chico, que ahora que le vemos desde más cerca, descubrimos que tiene los ojos claros. La mano se desplaza por sus pectorales, juega un momento con uno de sus pezones, y se desliza lentamente por sus abdominales, para empezar una vez más desde arriba.

La película da un salto ahora, un pequeño corte, y lo siguiente que vemos es al chico completamente desnudo, recostado en el sillón con las piernas dobladas y abiertas, exponiendo sus genitales mientras la mano de su interlocutor acaricia su polla endurecida. Tiene otra cámara más pequeña con la que graba primeros planos de su erección y comprueba su apertura detenidamente, abriendo el ano con una mano mientras graba con la otra. La conversación superficial no cesa en ningún momento.

—¿A qué edad saliste del armario?

—A los diecisiete…

—¿Perdiste la virginidad con un chico o una chica?

—Con un novio que tenía… a los diecinueve…

—No fue hace mucho…

El joven aspirante sonríe algo avergonzado. Se deja acariciar intentando contestar a las preguntas triviales de su interlocutor, sus brazos descansando inútilmente a los lados, conteniendo un gesto de nerviosismo. Procura sonreír, aunque no parece tener claro hacia a donde mirar, mientras que aquel desconocido sigue sobándole sin que su tono de voz se vea afectado por el erotismo de la situación, después de todo, solo es su trabajo.

Un nuevo corte en la película nos ofrece ahora un plano general del chico con la polla del hombre de la voz en la boca. Yeray está desnudo, de rodillas ante el hombre de la cámara, a quien aún no podemos identificar, solo vemos parte de su cuerpo, la camisa desabrochada y los pantalones bajados, gime suavemente y le ofrece palabras de ánimo —sí, así… muy bien… —de vez en cuando le empuja ligeramente la cabeza para que su polla entre hasta el fondo. También le da indicaciones —ahora lamela, y rodea la punta con la lengua — y el chico se esmera para hacer un buen trabajo. —Mira a la cámara desde allí—le vemos desde arriba, un plano desde la cámara que lleva el director de casting en la mano, con mirada sonriente, llena de lujuria mientras continua el trabajo, y sus ojos claros cobran protagonismo.

Un nuevo salto, a cuatro patas sobre el sillón de cuero, el director está acariciando su raja, preparando el camino y poco después le está follando y es ahora el chico quien gime y comenta con cierta timidez. Siguen las instrucciones —gírate hacia la cámara… a ver ese inglés… —y el chico obedece dócil…

Oh, yeah… fuck…oh God…! —murmura y el director de casting parece complacido.

Más instrucciones— date la vuelta. — Cambian de postura, el chico ahora sentado encima del hombre, a quien seguimos sin ver, frontal a la cámara, todo su cuerpo moviéndose, embistiendo con su culo la polla con preservativo de quien se esconde tras su cuerpo. Es sexo real, y a la vez hay algo teatralizado en toda la composición, algo mecánico en el hecho de que siguen una coreografía que ya se ha repetido muchas veces antes.

Xavi ha visto esta misma rutina cientos de veces ¿Qué es lo que lo hace diferente esta vez?

Después de unas cuantas posturas, el director anuncia el final —ahora las corridas, y terminamos —Primero el chico, cumple con su cometido, luego el hombre, que lo hace sobre el rostro del joven aspirante. Y finalmente otro liquido blanco salpica la pantalla del ordenador en la que la imagen del chico de ojos claros se ha quedado congelada.

—¡Mierda! — suelta Xavi cuando se percata del desastre que ha hecho y se apresura a limpiar su portátil antes de que el semen afecte al disco duro. Al terminar se tumba sobre la cama con la pantalla aun mostrando la imagen de Yeray congelada, una instantánea en la que parece asustarse de sí mismo. Y se pregunta una vez más ¿Qué es lo que hacía a ese chico diferente del resto? ¿Era solo porque se habían conocido antes? ¿Bastaba algo tan tonto como que hubiesen cruzado algunas palabras para que dejara de ser uno más? ¿para que hubiese llegado a obsesionarse con su vídeo de esta forma?

Hacía más de dos semanas de aquello. Fue un encuentro bastante tonto. Xavi había bajado al bar de la esquina a tomar un café, algo que solía hacer cada día sobre la misma hora, otra franja más de la rutina en la que se sumía su día a día últimamente. Estaba en la barra entretenido con su móvil cuando un chico moreno entró con una mochila marrón preguntando por la dirección de la productora en la que lleva trabajando desde hacía tres años. En cuanto escuchó la dirección familiar, no pudo evitar dirigir la mirada a quien preguntaba. Era un chico joven, con cierto aire adolescente, bastante mono, llevaba una camiseta de manga corta blanca que dejaba a la vista unos brazos bien formados, muy sexy. Imaginó enseguida para qué venía y se acercó para ofrecerle la información que buscaba.

—Es el edificio de ahí enfrente, la segunda planta a la derecha.

—Vale, gracias…

—¿Vienes a un casting?

El chico dudó unos instantes, e inspeccionó detenidamente a Xavi antes de animarse a contestar —Si, ¿tú también?

—No, yo trabajo allí… soy editor.

—¿Editor?

—Edito las películas…

Eso pareció interesarle, y se acomodó junto a la barra un momento dispuesto a charlar con una sonrisa enorme como un niño chico ante una feria. —Claro, joder, no lo había pensado nunca, alguien tiene que editar las películas… Así que ¿te pasas todo el día viendo tíos follando? Espero que al menos te guste…

—Es lo que me dicen siempre… el trabajo ideal, pero, la verdad, acabas hasta las narices de tanta polla y tanto gemido… —y los dos rieron juntos.

—O sea que, si me cogen, vas a estar viendo mucho de mi…—la idea parecía divertirle.

—Lo cierto es que también preparo las cintas de los castings.

El gesto del chico se congeló unos instantes con los ojos y la boca abiertas, una mueca de incredulidad o vergüenza ante el descubrimiento de que aquel desconocido con el que se había encontrado casualmente en el bar vería escenas demasiado intimas de él en un futuro próximo. Finalmente decidió reírse de la situación —¡Joder! Esto es muy raro…

—¿Has hecho porno antes?

—¡Qué va! Trabajo en un McDonald’s y un tío va un día me da su tarjeta y me dice que si me interesa hacer porno gay que le llame… —no deja de sonreír en ningún momento, tal vez porque no se crea del todo que se ha atrevido a venir —¿Es verdad que se gana mucho con esto?

—Mucho más con el porno gay que con el hetero, pero depende, se gana mucho si trabajas fuera…

—Pues, la pasta me vendría muy bien… ¿Algún consejo?

Xavi se queda pensando un momento, intuye lo que buscan, pero no sabe si es su lugar dar consejos, en realidad él no entiende nada de porno, estudió imagen y sonido, y consiguió un trabajo técnico, eso es todo. —pues… los gestos son importantes, y que… no te quedes callado ¿sabes? Gemir, y decir alguna cosa, eso funciona… —Y el chico vuelve a reír como si se tratara solo de una broma de cámara oculta y alguien fuse a salir de su escondite en algún momento para anunciar: ¡has picado!

—Intentaré recordarlo, gracias… —y se dispone a marcharse —pues, nos vemos… o al menos tú me verás a mí…

—Suerte…

Nunca antes había hecho algo así, tenía absolutamente prohibido copiar las cintas sobre las que trabajaba, si le pillaban podrían despedirlo, claro que no la había copiado para compartirla o venderla, solo para uso personal. “Uso personal” volvió a sentirse culpable al pensar eso. Jamás había tenido la tentación de llevarse el material a casa, todas aquellas escenas de sexo que veía durante horas eran vacías, repetitivas, ya ni siquiera le excitaban. Pero había bastado aquella conversación breve e insustancial para transformarlo todo. Había dejado de ser un desconocido, era Yeray, el chico adorable de ojos claros que se reía de sí mismo, y que se había armado de valor para presentarse a un casting porno.

También había conseguido su número de teléfono. ¿Conseguido? más bien lo había robado. Algo que tampoco debería haber hecho, no tenía acceso a esa información para poder usarla a su antojo, para conseguir una cita. Durante días esperó volver a encontrárselo en la productora, eso no hubiera resultado sospechoso, y le hubiese permitido averiguar si el chico sentía lo mismo, pero había esperado en vano. El caso es que llevaba tres semanas pajeándose con el vídeo del casting, y cada día que pasaba se le hacía más difícil pensar en llamarle, fingir que no había vuelto a pensar en él desde su encuentro en el bar, que casi había sido un accidente toparse con su teléfono, y se dijo “¿por qué no?”. Había ensayado esa conversación imaginaria cientos de veces, y de todas las formas posibles siempre resultaba falsa.

Se levantó de la cama, cerró el ordenador, ordenó un poco las sábanas, y volvió a abrir su laptop decidido a borrar el vídeo. Se quedó congelado unos segundos a un solo clic de eliminarlo para siempre, y no fue capaz de hacerlo. Cerró la tapa del portátil, enfadado consigo mismo y se fue al baño a ducharse. Ni siquiera el agua fría consiguió borrar las imágenes de Yeray de su cabeza. Una ducha más tarde, con solo una toalla alrededor de sus caderas, y la mente nublada de fantasías eróticas, se tumbó sobre la cama con su teléfono móvil decidido a llamarle y a acabar de una vez por todas con esa agonía absurda. No se permitió a si mismo volver a pensarlo, porque sabía que se echaría atrás si lo hacía. Una punzada de pánico se apoderó de sus entrañas cuando escuchó el primer tono de llamada.  Ya estaba hecho. Aunque colgara ahora, su número quedaría registrado en el otro teléfono y le devolvería la llamada.

—¿Hola?

La voz familiar sonó en el auricular y Xavi estuvo tentado de colgar, salir corriendo y esconderse en algún pueblo remoto de montaña el resto de su vida. En vez de eso, saludó de vuelta — Hola— y comenzó a titubear intentado explicarse —soy Xavi… nos conocemos, bueno… no creo que te diera mi nombre, pero nos vimos… en el bar… enfrente de la productora…. —el chico consiguió adivinar a pesar de las incoherencias, y sí, le recordaba de aquel día.

—El editor, me acuerdo… empezaba a pensar que no me llamaríais…

—Eh, no… yo no tengo nada que ver con eso… solo… —era mejor decir la verdad —lo cierto es que he cogido tu número de la ficha, no debería, pero… solo quería saber si… querrías quedar un día…

—Ah… —y se quedó en silencio, decepcionado quizás, dudando, seguramente— ¿Has visto mi casting? — preguntó con ese tono de mofa que parecía inagotable en él —¿Qué tal lo hice?

—Eh… bien, muy bien… creo… a mí me pareció bien, claro que no es que yo entienda mucho de eso…

—Así que no sabes si me llamarán ¿verdad?

—Puedo preguntar, si quieres.

—Vale, me vendría muy bien la pasta… y ¿Qué tienes pensado?

—Lo que te apetezca… podemos salir a tomar algo…

—¿Has vuelto a ver mi vídeo…? —preguntó entonces con deje de perversidad, y como Xavi tardó en contestar —lo has hecho verdad… no pasa nada —aseguró— lo tomaré como un cumplido. —La respuesta de Xavi vino a modo de risa, una risa nerviosa que confesaba su delito —¡Serás golfo! —no parecía enfadado, más bien divertido, lo que hizo que Xavi dejara de sentirse tan mal. —Confiesa ¿lo estabas viendo ahora…? —y su voz sonó más provocativa y sensual esta vez, desafiándole a seguirle el juego…

—Eeeeh… lo cierto es que… no he podido dejar de verlo…

La risa arrastrada y sexy de Yeray le llegó por el auricular —y dime ¿te has hecho una paja mientras lo veías? —Xavi dejó que volviera a responder su silencio —Mmmm… eres un chico malo…

—Me temo que si…. —empezaba a excitarse otra vez.

—Pero no es justo… tú me has visto a mí, y yo no te he visto a ti… Vamos a tener que arreglar eso…

—Y ¿cómo sugieres que lo arreglemos…?

—¿Dónde estás?

—En casa… en mi habitación…

—¿Qué llevas puesto?

—Solo una toalla, acabo de ducharme…

—Enciende la cámara… deja que te vea… —Cambiaron la conversación auditiva por la visual, al verse a través del pequeño receptor, volvieron las risas tímidas, nuevos saludos esta vez con gestos, como si hubiesen sido otros dos los que se hablaban antes. Pero Yeray no tardo en retomar el hilo del juego que se traían entre manos —Quítate la toalla, déjame ver tu polla… — y bastó que lo dijera para que se endureciera completamente. Tumbado sobre la cama, Xavi dirigió la cámara del teléfono hacia sus genitales con su pene erguido, y empezó a acariciarse lentamente con su mano libre desde la punta a la base del tronco, mientras que Yeray le animaba con gemidos y comentarios que le excitaban aún más —si… una polla muy bonita… como me gustaría comérmela… —cada vez se dejaba llevar más, con visiones de Yeray de rodillas comiéndole la polla mientras mira hacia la cámara. El joven siguió dirigiéndole — vuelve despacio hasta tu cara, quiero verte jadeando… yo también quiero mi película porno particular… — Y siguieron así, hasta que tenía la boca seca y estaba a punto de estallar. —¿Vas a correrte…? Dilo ¿vas a correrte…?

—Sí… voy a … correrme…

—Deja que vea cómo te corres…—ordenó, y Xavi, el cuerpo en tensión, la respiración agitada, volvió a enfocar a su polla en el momento en el que el semen empezó a brotar descontrolado con los espasmos de su orgasmo. Cerró los ojos e imaginó el precioso rostro de Yeray rociado por la lluvia del líquido lechoso. Aún se estuvo acariciando un rato más mientras prolongaba la sensación de placer y su respiración se apaciguaba. Hacía mucho que no se corría de esta forma, había sido una experiencia sexual brutal, y ni siquiera estaban en la misma habitación.

—¿Qué tal? ¿Te ha gustado? — Xavi volvió a mirar a la cámara para recuperar la imagen de Yeray.

—¡Joder, ha sido increíble!

Y entonces el gesto del chico se endureció de golpe —Pues que sepas que lo he grabado, cabrón pervertido, y si se te ocurre difundir alguna imagen de mí, te vas a hartar de ver tu polla en las redes sociales.

Y la conexión se cortó.

Xavi pudo notar claramente como la sangre se le empezaba a congelar, empezando por sus testículos, hasta los dedos de las manos que de golpe de le quedaron acartonados y rígidos. No se atrevía a reaccionar, y seguía petrificado observando la pequeña pantalla que se había quedado en negro como un abismo. Se llevó una mano a la boca, como si se le pudiera escapar algo y empezó a murmurar para sí mismo —¡Mierda, mierda, mierda, mierda…! —No podía creerse que la hubiese cagado de aquella forma. Había caído en una trampa, y se lo merecía completamente, pues todo lo que había hecho en esas últimas semanas estaba mal. Tuvo la certeza en ese momento de que era una persona horrible, que lo que le había hecho a ese chico era imperdonable y se merecía el castigo. Nunca imaginó que él pudiera ser de ese tipo de personas, los que acosan, los que se aprovechan. Quería dar marcha atrás, borrarlo todo, tomar otro camino ¿cómo podía haberse equivocado tanto…? Hundió la cabeza entre las manos y volvió a mascullar para sí mismo —¡Joder, mierda…!

El teléfono vibró sobre la cama en ese momento.

Xavi levantó la mirada hacia el aparato, y vio en la pantalla iluminada un mensaje. —Es coña. ¿Quieres ir a tomar un café? — Y de golpe las nubes negras que le atormentaban se esfumaron para dejar resplandecer el sol. No pudo evitar reírse de sí mismo, mientras los pulmones volvían a recuperar su capacidad para respirar. Volvió a cubrirse la cara con la mano, pero esta vez, para compadecerse de su estupidez, y mientras aceptaba la invitación de Yeray con otro mensaje, volvió a reírse de lo profundamente colgado que estaba del aspirante a actor porno.

 (Texto original de Laurent Kosta)

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¿OTRO RELATO? Sigue leyendo: https://laurent-kosta.com/2018/09/06/sexo-mentiras-y-secretos/

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