Lunes.
Los rumores precedieron a su llegada al Instituto Victoria Kent. El chico nuevo era un año mayor, un repetidor, por lo que debía haber cumplido ya los dieciocho. Había sido expulsado de su anterior instituto por enviar al hospital a uno de su clase, se decía que había estado detenido e incluso que había pasado por un reformatorio, por lo que su familia se vio obligada a mudarse, y ese era el motivo por el que se presentaba con el curso ya en su segundo trimestre. A la gente le gustaban los rumores, y si bien Deshi no solía hacer mucho caso de la rumorología, cuando vio entrar a su clase al chico nuevo, le pareció que la historia que le precedía era perfectamente plausible. Era grande. Debía pasar del metro ochenta, hombros anchos. Pero no era solo su tamaño, su aspecto de matón —cabeza rapada, pendientes en ambas orejas, chaqueta con clavos, mirada asesina— anunciaba de forma evidente que era zona de peligro. Había otro detalle de su aspecto en el que Deshi no fue el único que se fijó mientras que el profesor Zurita le daba la bienvenida, era guapo —mandíbula ancha, ojos pequeñitos, labios gruesos… —era condenadamente guapo.
A Deshi le empezaron a sudar las manos cuando el chico nuevo, Hugo, se acercaba hacia su sitio y fue consciente de que el único sitio libre que quedaba en el aula era el pupitre a su lado. El que siempre quedaba libre junto al pupitre que le había quedado asignado de forma permanente, última fila, junto a la ventana. Había otro pupitre libre en la primera fila, pero estaba claro que alguien como Hugo prefería sentarse en un rincón apartado.
—¿Puedo? —preguntó el chico nuevo, de pie junto al asiento libre que estaba pegado al pupitre de Deshi.
—Claro —respondió, su voz apenas un hilo penoso.
Escuchó un ligero murmullo de risas mientras el fornido y enorme Hugo se sentaba a su lado. Idiotas. El profesor Zurita continuó con la clase de filosofía, pero a Dashi le costaba volver a concentrarse en la información sobre Kant que explicaba su profesor. Inevitablemente sus ojos se desviaban sin control hacia el chico alto que se había repantigado en la silla a su lado sin abrir un solo libro o cuaderno. Intentaba concentrarse en tomar apuntes, pero era difícil con la presencia imponente de su compañero. En una de las escapadas de sus ojos, se encontró con la mirada de Hugo observándolo a él. No había ninguna expresión concreta, puede que hubiera sido solo un encuentro fortuito, una coincidencia, era solo una mirada distraída, carecía de ira, o desprecio, incluso de interés, pero Deshi apartó la mirada bruscamente, volviendo a sus papeles, e intentó ocultarse aún más en el mechón de pelo largo que le caía sobre la frente y que en ocasiones teñía de algún color.
Durante las siguientes horas no tuvo que preocuparse por el alumno recién llegado, seguramente tenía otras optativas que no eran química, física y matemáticas avanzada. Además, Deshi tenía sus escondites para que lo dejaran en paz durante las pausas. Así que no volvieron a encontrarse hasta la última hora para las asignaturas obligatorias. Cuando entró en clase, Hugo ya estaba sentado, junto a la ventana, en el pupitre en el que solía sentarse Deshi, y le había dejado libre la mesa que daba al pasillo.
—¿No te importa? —preguntó él cuando Deshi se acercó hasta su sitio.
—No, qué va —mintió y se sentó en el lugar que había ocupado Hugo esa misma mañana.
Entonces llegaron sus torturadores, siempre los últimos en entrar a clase. Edu, Rafa y su pandi de gilipollas. Según pasaban por su lado iban fingiendo que tropezaban con su pupitre, le golpeaban la cabeza, lo despeinaban, le clavaban la mesa en la barriga, o le tiraban los libros al suelo —¡Ay, Deshi! ¡Lo siento! —se mofaban fingiendo un amaneramiento exagerado que sus cómplices acompañaban con sus risas tontas. Y como de costumbre, nadie decía nada, nadie hacía nada, todos sus compañeros seguían a lo suyo, ignorando por completo a los abusones, como cada puñetero día de su vida en los últimos tres años. La guasa terminó cuando entró la seño Cristina, profesora de matemáticas, bajita y embutida en su vestido ajustado, con sus tacones altos y su melena larga, repiqueteando para empezar la clase. Cuando terminó de recoger sus cosas del suelo, y acomodar su mesa, se encontró una vez más con la mirada fría de Hugo, que lo observaba una vez más con gesto inescrutable. Deshi hubiera querido volverse invisible.
Llevaban una semana viendo ecuaciones exponenciales y la seño Cristina empezaba a perder la paciencia. —Vale, Dashi, sal a resolverlo —dijo dándose por vencida. Hubiera preferido que no lo llamara. Salió a la pizarra a terminar el problema que sus tres compañeros anteriores no habían sido capaces de resolver como si lo hubiesen enviado a la guillotina. Le caía bien la seño Cristina, era buena profesora, se esforzaba mucho, siempre estaba disponible para dar tutorías, y aunque todos la temían por lo dura que era, a Deshi lo trataba bien, aunque hubiera preferido que no se le dieran bien las matemáticas, porque prefería pasar por sus clases como una sombra invisible. Mientras resolvía el problema en la pizarra, Edu y su grupillo volvieron a la carca. Lo primero fue una pelotilla húmeda en su cuello, acompañada del murmullo de risillas habituales que pasó inadvertido a la profesora, luego ese “¡Deshi!” anónimo en voz aguda, en apariencia inofensivo pero que contenía una burla clara para quienes sabían interpretarlo. —¡Vale ya! —los frenó la maestra. Deshi terminó de resolver el problema lo más rápido que pudo para poder volver a su sitio. —Muy bien, Deshi —lo recompensó su profesora, y su comentario fue seguido de una replica burlona: Muy bien, Deshi —¿Alguien va a ir al despacho del director? —amenazó ella, y las risas se cortaron.
Deshi regresó a su sitio y volvió a encontrase con los ojos de Hugo clavándole su mirada. ¡Joder! Ahora sí que quería desaparecer. Había bastado un solo día para que el nuevo ya estuviese al tanto de quién era a quien podía martirizar. Deshi se embutió en la silla, intentando hacerse pequeño, bajo la inescrutable mirada del chico nuevo.
Martes.
Hubiera preferido fingirse enfermo al día siguiente, aunque eran tantas las mañanas que prefería quedarse en casa, que sabía que debía desechar esa idea. Ya le pasaba de pequeño, los niños solían burlarse de sus ojos rasgados, le llamaban chino, aunque era de origen japones. Cualquiera diría que ya debería haberse acostumbrado después de tantos años. Solo seis meses más, se dijo, como hacía cada mañana para darse ánimo, solo seis meses más y podría olvidarse de todos ellos.
Se encontró a Hugo sentado ya a su mesa, había imaginado que ya se habría buscado un sitio nuevo, lejos de él, pero no, había vuelto a su pupitre junto al pasillo a su lado, dejándole su sitio junto a la ventana. Sus miradas apenas se cruzaron mientras Deshi pasaba por delante de él par asentarse en su lugar de siempre. Esta vez si tenía un cuaderno sobre la mesa en el que estaba dibujando una moto con el bolígrafo negro. Tuvo intención de saludar, era lo correcto, de hecho, fue a hacerlo, pero la voz no le salió, y prefirió callarse antes que humillarse aún más. Se sintió a salvo lejos del pasillo cuando vio entrar a Edu y sus compinches charlando desenfadados de alguna fiesta que pensaban montar el fin de semana. Cuando pasaba por delante de Hugo, lo vio, el nuevo le puso la zancadilla de forma inesperada, un gancho rápido con la pierna y el idiota de Edu cayó con violencia estampándose contra el pupitre vació del otro lado del pasillo. —Hostia, lo siento… —empezó a disculparse Hugo —No te he visto, tío ¿Estás bien? —. Se levantó de su silla, y de golpe era todo amabilidad, pero Dashi estaba seguro, lo había visto, sabía que lo había hecho a propósito.
A Edu le sangraba la boca, se había clavado los dientes en el labio inferior, pero se hacía al duro —No es nada… no te preocupes —insistía, seguramente conteniendo las lágrimas. Todo un machote. El profesor entró, mandó a Edu a la enfermería, y los alumnos empezaron a sentarse. Hubo solo un instante en el que sus miradas volvieron a cruzarse de forma fugaz, y podía jurar que percibió un gesto casi imperceptible, apenas un leve movimiento de cejas, que revelo lo que ya intuía, había sido un acto de justicia por lo de la tarde anterior. Le pareció tan increíble que el chico nuevo se adjudicara el rol de su vengador, que para el final de la clase se había convencido de que se lo había imaginado.
Lengua y matemáticas llenaron las horas de la mañana, después de pasar la pausa leyendo una novela de Murasaki en uno de sus escondites, se encontró a Hugo esperando junto a su taquilla y Dashi sintió una punzada de pánico ¿Le esperaba a él? ¿iba a hacerle algo? —Dashi ¿verdad? —preguntó y Dashi asintió. —Oye, he visto que se te dan bien las mates. Verás ando un poco perdido, con el cambio y todo eso… quería preguntarte si podrías darme algunas clases, solo para ponerme al día y eso… —Así que no quería pegarle, seguramente esperaba que le hiciera los deberes o algo así, pero eso no le importaba demasiado, mientras no lo humillara públicamente —Te pagaría.
—No.
—¿No?
—Digo, que no tienes que pagarme. Puedo ayudarte, claro. —¿Por qué estaba haciendo eso? Ofrecerse sin más.
—Guay.
—Podemos quedar en un aula después de clase, si quieres.
—Genial. Entonces ¿nos vemos aquí a última hora?
—Vale.
—Guay. Gracias, tío.
¿Había quedado con el matón? El caso es que su tono había sido amable, y no amenazador y había resultado lo más natural… o ¿era algún tipo de plan retorcido?
Miércoles.
Clase de gimnasia. El peor de los castigos para Dashi. No había un solo minuto de esa clase que le gustar. Empezaba con su estrategia para evitar el vestuario. Hacía tiempo que prefería cambiarse en el cuarto de las escobas del pasillo. Por supuesto nadie lo sabía, si los profesores se enteraran lo obligarían a volver al vestuario, y no pensaba volver a pasar por eso. Luego estaba el detalle de que separaran a los chicos de las chicas. Sin ellas, se sentía aún más vulnerable si cabía, entre los orangutanes de sus compañeros. Los calentamientos no le molestaban demasiado, pero siempre acababan haciendo el tipo de actividades en las que debían formar equipos o ponerse en parejas, y, como no, Dashi siempre acababa sólo. En clase siempre había alguna chica dispuesta a emparejarse con él para los trabajos, pero en la clase de gimnasia, ninguno de sus compañeros disimulaba la poca gracia que les hacía acabar con él. Y ya estaba su profesor, Sandro, como todas las semanas: “poneros por parejas”. Dashi soltó un suspiro largo, y cerró los ojos un instante. ¡Cómo odiaba esa clase!
—¿Vas conmigo?
Cuando abrió los ojos se encontró con Hugo de pie delante de él, con su camiseta ajustada y sus pantalones de chándal sueltos, le sacaba una cabeza entera, y unos cuantos palmos de espaldas.
—Esto no se me da muy bien.
Hugo se encogió de hombros —Qué más da.
La clase privada de matemáticas la tarde anterior había ido bien. Muy normal. Comenzaron a repasar el temario, a Hugo le costaba entender las matemáticas, pero Dashi podía ser muy paciente, y no le importaba repetirle las cosas. Ni bromas pesadas, ni comentarios maliciosos. Ninguno de los dos era muy hablador. Estuvieron una hora repasando y luego se despidieron. Y ahora le estaba sujetando los tobillos mientras hacía abdominales, concentrándose para no fijarse en los músculos de sus brazos, en como se le marcaba la tensión en el cuello, y el movimiento de sus abdominales cada vez que soltaba el aire con fuerza. No le mires el paquete, no le mires el paquete, se repetía fijando la vista en algún objetivo neuro. Mientras Hugo hacía abdominales casi sin esfuerzo, Deshi casi tenía que sentarse sobre sus pies para conseguir sujetarlos al suelo.
—Te toca—. Deshi se quitó las gafas, —trae, te las guardo —se ofreció él.
Deshi se sentó frente a Hugo, con las odillas flexionadas ¿por qué tenían que obligarlo a hacer esto? Consiguió hace diez y ya no podía más.
—Venga, una más —lo animaba él con una sonrisa en los labios que a Deshi comenzaba a parecerle perfecta —tú puedes.
Siguieron entrenando juntos, más tarde con una pelota, pasándosela con los pies, luego las manos, rotando juegos y pelotas con otros compañeros. Hugo se reía de su falta de coordinación, pero no lo hacía con malicia, e intentaba peóneselo fácil para que pudiera devolver la pelota, y por primera vez en mucho tiempo, Deshi lo estaba pasando bien en la clase de gimnasia. Pero todo lo bueno se acaba, y para terminar la clase, el profesor dejó que jugaran un partido de fútbol, algo que el resto de alumnos disfrutaba, pero que para Deshi era solo una nueva forma de tortura. La humillación comenzaba cuando los dos capitanes de quipo empezaban a escoger a sus jugadores y Deshi se quedaba ahí de pie escuchando uno a uno todos los nombres de los alumnos excepto el suyo. Edu escogió a Hugo entre los primeros, ya se había fijado que el resto empezaba a hacerle la pelota, las chicas le sonreían y los chicos querían ser sus colegas. Hugo era la clase de alumno que encaja y gusta a todos, seguro de sí mismo, sociable, atractivo, incluso divertido. Cuando solo quedaba Deshi como última opción Rafa soltó un gesto de resignación mientras su amigote Edu se reía —Te ha tocado Deshi, pringao.
Deshi solía quedarse en una esquina, defensa le llaman, aunque se quedaba ahí esperando que el jugo no fuese nunca a su zona del campo, y si lo hacía, prefería quitarse de en medio. El juego comenzó, la pelota iba de uno a otros, y Deshi lo miraba desde su esquina como si no fuese con él, pues en realidad sabía que nadie le pasaría la pelota, nadie contaría con él. Era como si no existiera. Solo tenía que aguardar ahí media hora, esperando que no le dieran un balonazo, y podría marcharse. Hugo en cambio estaba muy entregado al partido. Se le daba bien. A pesar de su tamaño, era ágil y rápido, y parecía estar disfrutando del juego. Se imaginó que en unas semanas Hugo sería uno más de los chicos guais de la clase y dejaría de perder el tiempo con el marginado y sintió una punzada de decepción. Solo seis meses más, volvió a recordarse.
Tal vez fuese porque estaba distraído con Hugo, que no lo vio venir, y el balonazo lo pilló completamente desprevenido. Lo sorprendió la sacudida violenta del balón contra su cara, las gafas cayeron al suelo, y le quedó ardiendo el rostro. Y seguidamente las risotadas del grupo, y el “ay, Dashi” burlón de Edu. Solo uno de todos ellos se acercó.
—¿Estás bien? —preguntó Hugo.
—Sí, no es nada… —lo que más dolía era su orgullo maltrecho. Solo seis meses…
Hugo recogió sus gafas del suelo, el profesor dio por terminada la clase, y caminaron juntos de vuelta al vestuario, Hugo a su lado, como si temiera que fuera a caer desplomado o algo así. Y Dashi se detuvo al llegar a la puerta del vestuario. Hugo abrió la puerta, como si fuesen a entrar los dos, pero Deshi permaneció inmóvil, con el corazón bombeando con fuerza.
—Yo… es que… no tengo mi ropa ahí.
—¿No? ¿Hay otro vestuario? Espera, cojo mis cosas y te acompaño.
—No. —Hugo se detuvo, y lo miró sin comprender —es que, no hay sitio…
Hugo dejó que se cerrara la puerta, y se acercó a él —¿Por qué no te cambias aquí Deshi?
—No, en serio… da igual… déjalo… —no había forma digna de confesar aquello, que se escondía en el cuarto de las escobas para cambiarse sin que nadie lo supiera, aunque tampoco nadie se había preguntado dónde se metía.
—No me jodas. Trae tus cosas. Entraré contigo, ¿vale? no dejaré que te digan nada.
Estaba siendo amable, y no quería decirle que no, pero el vestuario de chicos era el origen de algunos de sus peores recuerdos, no pensaba entrar ahí—. No quiero entrar ahí, Hugo. Ya sé que no está bien, pero me da igual. Solo quedan seis meses. Solo seis meses y me marcharse de aquí y no volveré a ver a esta gente nunca más. Lo único que quiero es pasar estos seis meses de la forma más inadvertida posible. Asi que, déjalo, por favor.
Hugo ya no dijo nada más. Permaneció ahí de pie en silencio, observando a Deshi alejarse a su escondite, solo un momento, antes de desaparecer también tras la puerta del vestuario.
Lunes.
El lunes vio entrar a Hugo saludando a todo el mundo. Imaginó que había ido el fin de semana a la fiesta de la que todos hablaban. Se integraba rápido. Sin pensarlo mucho, se dirigió a su pupitre junto a Deshi.
—¿Qué tal el fin de semana, Deshi? —preguntó, sin dobles intenciones. Al parecer aún era amable con él. No era de extrañar, la semana anterior se habían quedado todas las tardes repasando el temario de matemáticas. Su tutora, la seño Cristina, no había tenido problema en autorizar que se quedaran, y agradecía a Deshi que estuviese ayudando al alumno nuevo.
El profesor de historia empezó explicando el trabajo que debían hacer para el trimestre. Trabajos en parejas o grupos, otra de sus pesadillas. Después de las explicaciones les dejó un rato para que se organizaran en grupos y escogieran temas. Antes de que Deshi pudiera decir nada, desde el lado opuesto del aula, Edu se dirigió a Hugo. —¡Eh, Hugo, ¿te pones con nosotros?
—Ya estoy con Deshi.
—¿Con Deshi? No tienes que ir con él…
—Ya, bueno. Necesito subir nota—. Luego se giró hacia el otro interesado buscando su complicidad —No te importa ¿verdad?
Subir nota. Claro, eso era lo que buscaba. Por eso estaba siendo amable con él. —Sí, claro, Por qué no —fue la respuesta seca de Dashi. Al menos esa vez no había tenido que esperar a que el profesor acabara metiéndolo en algún grupo a la fuerza. Siempre se preguntaba por qué no le dejan sencillamente hacer los trabajos sólo. De todas formas, sus compañeros solían encargarle alguna parte del trabajo que acababa haciendo por su cuenta, normalmente la parte que más pereza les daba o la que suponía un mayor esfuerzo. Imaginó que no sería distinto esa vez. Hacía años que no veía a ninguno de sus compañeros de clase fuera de las aulas, y tampoco le importaba mucho.
Quizás por eso Hugo volvió a sorprenderlo cuando se disponía a marcharse a casa tras la ultima hora.
—¿Cómo quedamos?
—Vaya, hoy tengo prisa, ¿te importa si hacemos matemáticas mañana? —la verdad es que no tenía nada que hacer, pero empezaba a molestarle que lo estuviera utilizando de forma tan descarada.
—Me refería al trabajo de historia. ¿Te importa si quedamos en tu casa? Mi madre y yo estamos en casa de mi abuelo de momento, y no le hace mucha gracia, asi que preferiría no invadirla más de lo necesario. —Deshi se lo quedó mirando sin contestar —Vale… en tu casa ¿no? ¿se te ocurre otro sitio…?
—No… quiero decir, sí. Creía que querías que te hiciera el trabajo.
—¿Por qué creías eso?
—Para subir nota, ya sabes.
—Espera ¿te has mosqueado por eso? Intentaba no ser borde ¿sabes? Paso de quedar con el gilipollas de Edu. —Deshi no pudo evitar soltar una risilla tonta al oír eso. Sonaba a gloria que alguien viera a Edu como el idiota que era. —¿Entonces?
—Si, podemos ir a mi casa. Mis padres suelen trabajar hasta tarde.
Salieron caminando del instituto juntos. En cuanto estuvieron en la calle, Hugo sacó una cajetilla de cigarrillos y encendió uno. Dio una calada profunda y se lo ofreció a Deshi que lo rechazó. Pensó que no podían ser más dispares caminando uno al lado del otro. Deshi menudo, con su andar melódico, su uniforme impecable, la mochila gris a la espalda, con el único detalle de su mechón de pelo (azul esa semana) como seña de identidad. Hugo, que conseguía que el uniforme le diera aun más aspecto delincuente fugado, caminando con paso arrastrado, un bolso negro al hombro con sus libros, su chupa de cuero, gafas de sol y un pitillo. Le pareció un misterio que ese chico tan distinto fuese el único que lo había tratado como a una persona normal en los últimos tres años de su existencia.
—¿Cuál es el rollo con Edu? —preguntó de pronto a mitad de camino.
—De pequeños éramos inseparables.
—¿En serio?
—Sí. Era mi mejor amigo, desde primero.
—¿Y qué paso?
Deshi dudó. Preferiría no hablar de eso —Bueno… supongo que te acabarás enterando de todas formas… —pensó que si lo contaba él al menos tendía una oportunidad de dar su versión. —Cuando teníamos quince le conté que creía que era gay. Estaba hecho un lio y pensé que… Como era mi amigo, podía contárselo a él…
—¿Y no se lo tomo bien?
—Eso no hubiera sido un problema… pero, no solo se alejó de mí, se lo contó a toda la clase.
—¡¿Qué?! —Hugo se detuvo en seco y la clavó la mirada a Deshi, hubiera preferido que no lo hiciera. —¡No me jodas! ¿te sacó del armario? ¡Qué hijo de puta!
—Ya… —no podía empezar a describir la pesadilla en la que se convirtió su mundo en ese momento. No estaba preparado para eso, no en aquel momento.
—Y ¿porqué le sigue el juego el resto? —volvieron a ponerse en marcha, y Deshi se sintió más cómodo hablando sin que sus ojos lo escrutaran de forma tan directa.
—Bueno, no es que yo fuera el más popular de la clase, la verdad. Aunque a Edu le ha venido muy bien, todos le ríen la gracia y ha hecho muchos amigos. No sé… supongo que le asustaba que alguien pudiera pensar que él también era gay, porque siempre estábamos juntos.
—¿Le estas justificando?
—No. Solo intento entenderlo.
—Es un capullo. Eras su amigo, y te traicionó. Y sigue siendo un capullo.
Y Deshi se alegró de que estuvieran concentrados en el camino y que Hugo no viera como se le habían empañado los ojos, porque aquella verdad aun dolía.
Entraron en su casa, las luces estaban apagadas, cruzaron el silencio sepulcral del pasillo en dirección a su habitación, pasando por el salón y las otras habitaciones perfectamente ordenadas y limpias.
—¿Y tus padres?
—Trabajan hasta tarde, nunca llegan antes de las ocho o así. —Lo dijo como si fuese una ventaja, porque nadie los molestaría y podrían trabajar tranquilos.
—Joder, Deshi, si que estás sólo. —No supo qué fue exactamente, si aquel comentario o la confesión anterior que tocó definitivamente una fibra voluble que acabó por partirse en ese preciso instante sin que pudiera contenerla. Los ojos se le empañaron e intentó de forma patética ocultarlos tras la palma de su mano. —Deshi, joder, lo siento… No quería…
—No es nada… —quiso decir, queriendo recuperar el control de sí mismo. Y entonces, los brazos grandes y fuertes de Hugo lo rodearon en un abrazo. Y era un abrazo perfecto, que llegaba en el momento adecuado, y ahí se quedaron los dos, sin decir nada, mientras Deshi se dejaba cuidar un poco sosegando el rio de sus ojos. Se estaba tan bien ahí, entre sus brazos firmes y olía tan bien…. —¿Tienes hambre? —le preguntó, recuperando el ánimo —Podemos preparar unas pizzas.
—Eso suena muy bien.
Mientras echaban salsa de tomate, queso, y todo tipo de embutidos sobre las masas de pizza seguían hablando del instituto, y los cotilleos.
—Y ¿dicen algo de mí? —quiso saber Hugo.
—¿El chico nuevo? Por supuesto. Se rumorea que has estado en la cárcel y que mandaste a un chico al hospital —lo dijo con toda la carga de sarcasmo de la que era capaz, dando por hecho que era una sarta de estupideces, pero aun así, Hugo se puso serio.
—¿En serio?
—Yo no me lo he creído, por supuesto.
Hugo se quedó cortando unas tiras de pimiento lentamente con la mirada fija en el cuchillo. —Es mi padre el que está en la cárcel —dijo, sin levantar la mirada —y es mi madre… la que acabó en el hospital… —No se había esperado algo así, pero de pronto muchas cosas sobre Hugo cobraban sentido.
—Lo siento… ¿Cómo está? ¿Tu madre?
—Mejor… La gente contaba mucha mierda sobre ella en nuestro barrio. La familia de mi padre es de ahí de toda la vida, ¿sabes? asi que la mentirosa y la que se lo inventaba todo era ella. Estamos mejor aquí… Bueno, si que le partí la cara a uno —siguió levantando la mirada en dirección a Deshi —pero se lo merecía —Deshi sonrió imaginando por qué, y Hugo volvió a ponerse serio—. Antes me pegaba con la gente y eso… pero no quiero ser así. No quiero ser como mi padre…
—No lo eres.
—Eso no lo sabes. Casi no me conoces.
—Pero lo sé. Se nota. Tú no eres así.
Volvieron a mirarse, y sonrieron.
El resto de la tarde la pasaron ocupados con el trabajo. Hugo se comió casi las dos pizzas él sólo, ya había notado que comía mucho todo el día, un chico grande como él necesitaba alimentarse, a Deshi en cambio, le bastaban muy poco para saciarse.
Jueves
Habían pasado juntos todas las tardes de la semana y el jueves ya tenían el trabajo listo para entregar y pocas excusas para seguir quedando, aun así volvieron a pasar la tarde en casa de Deshi —Creo que es la primera vez en mi vida que termino un trabajo antes de tiempo —se reía Hugo. Estaba jugando con una pelotita de goma, lanzándola al aire para volver a atraparla, mientras Deshi imprimía el trabajo sentado a su escritorio. Entonces él se fijó en algo, se acercó y le movió el cuello de la camisa —¿Y eso? —dijo haciendo referencia a la marcha enrojecida de su cuello.
—No es un chupetón.
—¿No? —la sonrisa de Hugo decía que no se lo creía.
—Es una marca de violín. —No era la primera vez que le hacían esa broma, por eso solía intentar ocultar la marca entre morada y rojiza que ya era un atributo permanente de su cuello.
—¿Tocas el violín?… Joder, venga toca algo.
—No.
—¿Por qué no? Va… venga —insistió él. Y Deshi acabó por rendirse, más que nada porque seguir insistiendo en negarse parecía arrogante.
Sacó el violín de su estuche y Hugo se sentó en su cama para escuchar. Deshi interpretó la melodía de la película La lista de Schindler que sabía que solía gustarle a la gente, más que nada porque era fácil que la reconocieran. El violín era algo muy personal para Deshi, casi como una confesión, y se sentía muy desnudo cuando tocaba delante de alguien.
—Joder, eres la hostia —dijo él al terminar —En serio, eres muy bueno.
—No qué va. Es solo que tengo mucho tiempo libre.
Deshi guardó el violín antes de que a él se le ocurriera pedirle que tocar más.
—¿Por qué te avergüenza?
—Es que no me gusta que me miren… No tengo un gran futuro como músico.
Hugo se había tumbado en su cama y volvía a lanzar la pelota al aire. —¿No tienes novio, entonces?
—¡Qué va!
—¿Nunca has besado a un chico, Deshi? —le dio un poco de vergüenza admitir que no —¿Te gustaría probar conmigo? —y la sonrisa insinuante de Hugo tumbado en su cama le cortó la respiración de cuajo. Imaginó que era una broma, asi que respondió con otra.
—Ya sé que quieres hacer todo lo contrario de lo que hace tu padre, pero ¿no crees que eso es ir demasiado lejos?
Hugo soltó una carcajada sonora que lanzó un cosquilleo directo a su tripa. Esto iba a ser un problema.

—La verdad… —dijo atravesándolo con una mirada intensa —la idea de montármelo con un tío siempre me ha dado morbo…. Podríamos probar juntos. —Deshi no fue capaz de decir nada. Se quedó inmóvil de pie, observando como Hugo se levantaba lentamente de la cama y se acercaba a él hasta estar casi a un palmo de distancia. —Cierra la boca, Deshi, o tendré que meterte la lengua… —bromeó, y Deshi obedeció cerrando la boca que no sabía que había quedado abierta por la impresión —¿Cómo debería interpretar eso? ¿No quieres que te meta la lengua?…
—Sí… o sea… no si tú… —no alcanzó a terminar lo que fuese que intentaba decir, cuando los labios de Hugo se acercaron posándose sobre los suyos, y comenzaron a besarse, delicadamente, y su aliento lo invadió por completo, mientras la punta de su lengua tanteaba su boca. Y estuvo seguro de que algún tipo de fuerza sobrehumana le sobrevino como una descarga eléctrica que atacó su cuerpo desde la pelvis, alcanzando todas sus terminaciones nerviosas, hasta el punto de que no fue capaz de contener un gemido de dolor o placer, o no sabía bien qué, porque las sensaciones eran un inmenso barullo.
Hugo se separó ligeramente, y le sonrió —Eso ha sido muy sexy… —dijo con su voz arrastrada y grave que hizo vibrar su cuerpo, erizándole la piel de la espalda sin remedio. Y volvió a besarle, esta vez con más decisión, y su lengua invadió por completo su boca, explorándola a fondo. Y entonces Deshi estaba ya completamente entregado a ese beso, su primer beso, que estaba siendo absolutamente perfecto.
Hugo empezó a acariciarle el culo, guio a Deshi en dirección a la cama, y lo dejó caer sobre el colchón —Joder tío, me estoy poniendo muy burro —dijo antes de lanzarse encima de él. Volvió a besarle, pero esta vez su cuerpo lo aprisionaba contra la cama, y notó la envergadura de su erección que se restregaba contra su cuerpo, casi entre las piernas por la diferencia de tamaño. Y cuando comenzó a desabrochar su pantalón, a Deshi le faltaba el aire.
—Espera… espera…
Hugo se apartó —Perdona… ¿Demasiado rápido?
—No… —dijo entre jadeos —es solo que… no lo he hecho nunca…
—Vale, no tenemos que seguir, si no quieres…
—No… sí que quiero. Pero… ¿no te vas a enfadar luego?
—¿Enfadarme? ¡joder, Deshi, estoy tan cachondo que me van a estallar los huevos…!
Deshi tuvo que reírse, le gustaba su vulgaridad, lo ponía muy cachondo, aunque todo en él era suficiente para endurecerlo por completo. Quería hacerlo disfrutar, quería volverlo loco. Asi que esta vez tomó la iniciativa. Se acomodó entre sus piernas, y comenzó a acariciar su erección por encima de la tela de su uniforme, que no era una tela especialmente gruesa. Hugo empezó a jadear, y se dejo caer en la cama boca arriba. Deshi entonces le desabrochó el pantalón para liberar su polla, y se quedó algo impactado al ver el tamaño enorme de su miembro duro que quedo erguido delante de su cara, y podría jurar que escuchó música en ese momento, una orquesta entera tocando un Aleluya como si toda su vida llevara aguardando ese momento. Recorrió su dureza con la lengua, y el gemido de placer de Hugo le animó a seguir, lamiendo, y luego rodeando con su lengua su glande rosado y brillante, que empezaba a gotear. Y le gustó el sabor salado de las primeras muestras de su semen. Asi que siguió, esta vez su boca entera rodeándolo e intentando metérsela completa, aunque era demasiado grande para su boca, y a penas alcanzaba a chupar la mitad superior, asi que se ayudó con la mano, rodeando el tronco de su polla en la base, y moviéndola ligeramente de arriba abajo.
—¡Joder! ¡sí¡ ¡La ostia! … ¡Siegue haciendo eso… ¡… ¡joder!…
Deshi no había hecho eso nunca, pero había visto películas, y fotos, y quería hacérselo todo a Hugo. Y mientras pensaba en eso, y escuchaba sus jadeos y gemidos notaba como su polla también empezaba a buscar liberarse de sus pantalones.
Sin dejar de masturbarlo con la mano, su boca se ocupó de sus testículos, lamiéndolos, succionándolos, y chupando uno primero y el otro después, y los gemidos ostentosos de Hugo llegaban como una recompensa. Le bajó los pantalones para dejar más espacio, y Hugo rápidamente se deshizo de ellos, quedando medio cuerpo desnudo. Deshi lamió su entrepierna y pasó sus manos por sus muslos duros y velludos. Luego se encaramó a la cama para tener una mejor posición, y volvió a intentar meterse su polla entera en la boca, esta vez dejando que entrara un poco en su garganta como había leído que debía hacerse en una buena mamada.
—¡Oh, dios! ¡Joder… Deshi, voy a correrme… ¡
Escuchar su nombre entre los jadeos, y su anhelo hizo que quisiera esmerarse más, y puso todo su ímpetu en recorrer su polla entera y dura de arriba abajo con la mano y la boca, consiguiendo un ritmo persistente, y los gemidos de Hugo se intensificaron volviéndose incoherentes —Jod—der— no pued… jo de— aah…—y de golpe le sorprendió el líquido cálido de su lefa que brotaba en chorros inundando su garganta. Y se lo tragó todo, porque lo quería todo de él.
Hugo lo miró con una sonrisa enorme y la mirada chispeante —me toca —. Deshi se sintió como si fueran niños jugando a hacer trastadas cuando los padres no miran, mientras se quitaba la ropa, ya sin pudor alguno, porque la sonrisa anhelante de Hugo le decía con claridad que lo deseaba tanto como él. Se acomodó en su cama, y Hugo no tardó en colocarse entre sus piernas, su boca recorriendo su polla que nadie había tocado hasta ese momento, y la sensación era abrumadora. Sabía que no iba aguantar demasiado, porque había estado a punto de llegar al orgasmo solo de verlo a él correrse. Bastó que sus manos tocaran su desnudez, bastó la calidez de su boca humedeciendo su polla, el contacto sutil y dulce con sus labios, que era una sensación placentera como no había sentido en su vida, y el orgasmo sobrevino sin control alguno, y Deshi se deshizo como el hielo al sol con un gemido largo y agónico. Y estuvo seguro de que estaba flotando por la habitación, convertido solo en sensaciones, y que si seguía un poco más tocaría el cielo.
—Tenías ganas ¿eh?…
Deshi dejó escapara un suspiro largo, —Ya te digo… —y rieron juntos.
Hugo se dejó caer a su lado en la cama, se miraron el uno al otro, aun sonriendo como si lo que acabaran de hacer fuera solo una travesura. Y volvieron a besarse, esta vez sin tanta urgencia. Pero al poco noto una vez mas que se endurecían. —Joder, Deshi… —le dijo sin soltarle la boca —me pones muy bruto…
Esta vez quiso verlo desnudo. Comenzó a desabrocharle la camisa del uniforme, Hugo se puso de rodillas frente a él y se la quitó en un movimiento rápido, y se quedó ahí frente a él completamente desnudo, mientras Deshi recorría su cuerpo con los ojos y las manos, deleitándose en poder mirar sin vergüenza, sin pudor alguno. Era tan guapo. Tenía algunas cicatrices que Deshi fue descubriendo y acariciando una a una mientras él le daba una explicación telegráfica: “brazo roto”, “apendicitis”, “historia chunga”. Y no preguntó más porque no era momento para revelar más historias chungas, y porque sabía que él se lo contaría cuando quisiera. Entonces se tumbó encima de él y sus cuerpos se entrelazaron, sus dos erecciones chocando una contra otra, acariciándose mutuamente, le pareció que no podía haber una sensación mejor en el mundo que todo el cuerpo de Hugo restregándose contra el suyo en busca de su propio placer. Volvían a besarse, y él se movía, girando su pelvis para provocar el roce, y quería eso, que él lo usara como le diese la gana para procurar su placer. ¡Dios… Deshi! —y cómo le gustaba escuchar su nombre en sus labios, y saber que no era a otro u otra en quien pensaba que estaba ahí por él y que lo deseaba a él. —Quiero tu boca — dijo él volviendo a incorporarse, y Deshi se sentó frente a él y le dio lo que quería, y volvió a chupar y succionar su glande duro y rosado, disfrutando de cada uno de sus gemidos, mientras se masturbaba a sí mismo. —Espera, deja que te vea… —le escuchó decir entre jadeos. Entonces Hugo le agarró del pelo, y tiró de su cabeza hacia atrás, sujetándola con una mano mientras que con la otra se masturbaba de forma frenética frente a su rostro —abre la boca — y Deshi lo hizo y estaba a punto de estallar, porque que él le diera ordenes le hacía arder como nada. —Dios… la hostia… voy a… —y entonces Hugo, sin dejar de mirarlo y sin dejar de mover su mano aceleradamente, empezó a correrse, su polla disparando chorros de semen que caían sobre la boca y la cara de Deshi, y bastó notar el calor sobre su piel para que él también estallara en un orgasmo brutal que desparramó el líquido blancuzco entre sus dedos mientras los dos gemían sin control.
Tras el segundo orgasmo de la tarde, Hugo se dejo caer pesadamente en la cama a su lado, y quedaron los dos jadeantes intentando recuperar el aliento con la mirada fija en el techo.
—Joder, Deshi… vaya primera vez… —suspiró él, y los dos empezaron a reírse.
Entonces se miraron, y a pesar de los dos orgasmos casi seguidos, Deshi volvió a notar una punzada de excitación en la tripa al ver sus ojos —¿Esto está pasando realmente, o me he vuelto loco del todo…?
—¿Quieres que te pellizque?
—Si me pellizcas seguro que me corro otra vez.
Hugo soltó una carcajada —Eres muy graciosos cuando estás relajado ¿sabes?… —Hugo se levantó de pronto y buscó la cajetilla de cigarrillos de su mochila —¿Te importa si fumo? —Deshi negó, ya nada le preocupaba, aunque sabía que a sus padres no les gustaría descubrir olor a tabaco en la casa. Hugo se acercó a la ventana, la abrió ligeramente antes de encender el pitillo poniendo cuidado en que el humo no quedara en la habitación.
Fue justo en ese momento cuando se escuchó la puerta de entrada, y la voz de su madre llamándolo: “¿Deshi?” como hacía cada tarde.
—Mierda. Mis padres.
Deshi dio un salto hacia la puerta de su habitación y cerró con pestillo antes de que su madre entrara de golpe como hacía con frecuencia. Hugo apagó el cigarrillo y empezó a agitar las manos para intentar desvanecer el rastro de humo. Los dos empezaros a vestirse aceleradamente. Sin poder evitar una risa tonta ante la situación bochornosa en la que se encontraba la cama, y su ropa.
—Oye, ¿Tus padres lo saben? —susurró.
—Sí, sí… eso no es problema.
En ese momento alguien intentó abrir la puerta bloqueada
—¿Deshi? —se escuchó la voz de su madre al otro lado de la puerta.
—Ya voy mamá —y la madre le habló en Japones preguntando qué hacía encerrado. A lo que Deshi contestó, también en japones para que Hugo no lo entendiera, que no pasaba nada que en seguida salía.
—¿No se mosquearán? —preguntó Hugo bajando la voz.
—Espero que no.
Y a los dos volvió a entrarles un ataque de risa que se agravaba cada vez que intentaban disimularlo.
Cuando estaban decentes y a punto de salir de la habitación, Hugo lo retuvo un momento, —eh —le dijo —me ha gustado. Mucho.
—A mí también —y volvieron a besarse con dulzura antes salir de la habitación.
Caminaron por el pasillo, y cuando pasaron por la cocina se cruzaron con la madre de Dashi que sacaban comida que traía del restaurante para la cena.
—Mamá, este es Hugo, de clase.
La madre sonrió y saludó, le contaron que estaban con el trabajo de clase, que ya lo habían terminado, y un montón de nimiedades más. —¿No te quedas a cenar, Hugo? —preguntó ella.
—Gracias, pero, es tarde, tengo que volver a casa.
—Otro día, si quieres.
—Claro.
Deshi lo acompañó hasta el ascensor, y antes de despedirse definitivamente, volvieron a besarse despacio, asegurándose que nadie los veía.
Deshi volvió a casa sintiendo que su cuerpo era ligero como una hoja mecida por el viento, entró a la cocina para ayudar a su madre a poner la mesa. —¿Ese es el chico nuevo? —preguntó ella alerta. Deshi asintió —Es guapo.
Una mirada de complicidad se cruzó con su madre, y Deshi notó que se ruborizaba ligeramente, aunque también sonreía. Estaba de acuerdo, sí que era guapo.
Lunes.
Habían pasado solo dos semanas desde que Hugo llegara a su clase, y el mundo de Deshi había dado un giro de ciento ochenta grados. Era la primera vez desde hacía años que un lunes por la mañana estaba impaciente por llegar a clase.
Habían vuelto a quedar el viernes después de clase, y habían vuelto a hacer un estropicio con las sábanas, pero, aunque no habían dejado de chatear, no habían podido quedar el fin de semana, y estaba deseando volver a ver sus ojos y su sonrisa. Estaba tan impaciente que llegó demasiado temprano y tuvo que esperar casi veinte minutos antes de ver a Hugo cruzar la puerta, y sonreírle desde la entrada del aula.
Justo delante de Hugo iba Edu, que al ver a Deshi sonriendo sintió la necesidad de estropearle el día:
—Ay, Deshi… ¿por qué tan contento? ¿Te has sentado en algo duro y te está dando gustito? —a lo que se escuchó como respuesta alguna risa suelta de sus compinches. A Deshi, se le cortó la sonrisa.
Hugo aun en la entrada, venía tras sus pasos y parecía cabreado —Edu, tu opinión me importa una mierda y me estoy cansando de escucharla a todas horas.
Edu se giró hacia él con su gesto chulito —¿Qué pasa? ¿Es tu novia?
Hugo entonces se acercó a él hasta acorralarlo contra el pupitre, mirándolo desde lo alto, pues le sacaba también más de una cabeza.
—Y si lo fuera ¿qué? ¿vas a hacer un chiste? —Edu no contestó, y el resto de la clase guardó silencio aguardando el desenlace —Venga, haz un chiste para que pueda reventarte la cara.
—Eh, tío, sin mal rollo.
—No vuelvas a dirigirte a Deshi ¿lo pillas?
—Sí, tío… tranqui.
Edu se alejó, intentando mantener la compostura, pero todos lo habían visto cagarse de miedo delante de Hugo. Y Deshi se sentía maliciosamente feliz de verlo huir con el rabo entre las piernas.
—No lo haría… —le dijo Hugo, tras sentarse a su lado, acercándose y bajando la voz para que solo Deshi lo escuchara —Reventarle la cara. Lo digo, pero, no lo haría. Lo sabes ¿verdad?
Sabía que eso era importante para él, no quería ser un matón, por más que lo pareciera. Aunque venía bien que el resto lo creyera—. Lo sé —le aseguró y él sonrió aliviado.
Solo quedaban cinco meses y medio, pensó entonces. Y por primera vez, no quiso que acabaran.
Un relato de Laurent Kosta.
Si te ha gustado el relato, sigue leyendo una de sus novelas: https://www.edicioneselantro.com/montanas-cuevas-y-tacones-capitulo-1/
Me ha gustado mucho. Espero saber más de ellos. Gracias
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Ok. Lo tendré en cuenta…
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Me ha encantado, aunque al principio sea duro por el maldito bullying, el desenlace ha sido fantástico.
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Gracias, guapa!
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Por dios! No me había dado cuenta cuánto añoraba tu pluma!
Hermoso, que personajes mas actuales y bellos, y, a pesar del acoso, que linda historia.
En hora buena, querida Laurent!
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Ja, ja… lo siento, he estado perdida en otros proyectos. Pero siempre vuelvo.
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he leido el Chico nuevo excelente relato existante te deja hipnotizado hasta acabar la lectura muchas gracias felicitaciones ________________________________
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Espero que sigas leyendo mas relatos y novelas
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Excelente el relato,me encantó ❤️
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Gracias
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Hay fecha ya para el libro de Ramiro? Me muero por saber más de él y de su historia.
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Para esta navidad lo tenéis.
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Me gustó el relato💖💞
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me enamore de este relato me gustaría ver más de ellos
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Oh, gracias por comentar!!
Este no tiene continuación… (aunque nunca se sabe…) pero tienes más relatos en el blog que espero que disfrutes igual.
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