SEDUCIENDO A FLAVIO capítulo 5

¿Aun no lo has leído? Empieza por el principio… https://laurent-kosta.com/2022/02/12/seduciendo-a-flavio-capitulo-1/

Londres. El cielo le dio la bienvenida con una lluvia leve que le humedecía el rostro entre la bruma plomiza. A pesar de lo cual, Flavio lo esperaba mojándose a la salida de la boca del metro por la que salía Darío con su maleta con ruedas recién llegado del aeropuerto de Heathrow. En cuanto lo vio se lanzó a u cuello en un abrazo efusivo, como si en lugar de tres días hubiera pasado un mes desde la última vez que se vieran.

—¡Qué bien! ¡ya estás aquí! —exclamó plantándole un beso en la mejilla y consiguiendo que el profesor enrojeciera. Luego cogió su maleta por él, y entrelazó sus brazos como hacían los viejos para caminar a su lado mientras hacía planes para la noche. —Podemos ir al Soho a cenar ¿te apetece?… La verdad es que estoy agotado, pero me hace tanta ilusión que estés aquí.

Le gustaba hacer eso, como si quisiera ponerlo a prueba o llevarlo al límite. En la intimidad, y en un día cualquiera, podía ser magníficamente masculino, incluso con una pizca de malicia rebelde, pero siempre que se veían en público comenzaba a comportarse como una loca, haciendo gala de su sexualidad como si intentara desafiar al mundo. Flavio podía ser muchas cosas, en ocasiones era como una niña caprichosa que no se quedaba a gusto hasta que el serio profesor de literatura daba su brazo a torcer y hacía todo lo que él deseaba. Traerlo a Londres había sido otros de sus caprichos, y ahora que lo había conseguido, su nuevo antojo era que lo acompañara al rodaje de su película.

Por supuesto Darío pensaba negarse, así se lo hi saber el sábado por la mañana, a pesar de todos sus pucheros y chantajes emocionales, Flavio no tuvo más remedo que irse al rodaje solo, mientras Darío se daba una vuelta por la ciudad. Le quedaban solo dos días de trabajo, a partir del lunes quedaba libre, Darío había cambiado su clase del lunes, por lo que no tenía que estar de vuelta hasta el miércoles. Tendrían un par de días, y alguna noche más para estar juntos.

O eso había creído.

El sábado por la noche Flavio no tenía ganas de salir, —está bien, podemos cenar algo en la habitación, si prefieres… podemos pedir fresas y champagne…—pero cuando Darío comenzó a besarle el cuello en busca del calor de su cuerpo, Flavio se apartó.

—La verdad es que estoy agotado.

—Puedo hacerte un masaje…

—No tengo ganas de nada, ni siquiera tengo hambre… —dijo él hundiéndose en la almohada y cerrando los ojos.

El profesor se levantó de la cama y se alejó, —Ya, me imagino —añadió con algo de malicia —después de pasarte el día follando.

Flavio le lanzó una mirada asesina —No es como imaginas.

—¿No has estado follando?

Al menos había conseguido llamar su atención, y puede que de eso se tratara realmente, no quería que lo ignorara después de esperarlo durante todo el día.

—¿Lo ves? por eso quiero que vengas, tienes una idea completamente equivocada de lo que hacemos. La mayor parte del tiempo estamos ensayando, o probando luces, o en maquillaje… es bastante más aburrido de lo que crees.

A Darío acabó haciéndole hacia su empeño. —¿Por qué quieres que vaya?

—No lo sé… solo, es que es parte de lo que hago… de lo que soy.  Se me da bien ¿Sabes?

—Está bien. Si es tan importante para ti.

Flavio sonrió, era el tipo de chico que jamás hubiera soñado conquistar de adolescente, seguro de si mismo, sexy, carismático… no como él, que siempre había sido un niño excesivamente tímido. ¿Qué había hecho para tener tana suerte?

 Darío volvió a sentarse a su lado y lo besó en la frente con ternura. —Pero ahora duérmete, que tienes que estar guapo mañana.

El rodaje de Flavio no fue, efectivamente, nada de lo que había esperado. Ya desde la mañana comenzó a perder la paciencia con Flavio que se pasó más de una hora en el baño, duchándose y depilándose, luego se cambió tres veces de ropa antes de decidirse a salir —¿Te gusta mejor así, o como antes? —insistía en preguntarle, como si Darío supiera algo de moda.

—¡Qué mas da! Si la idea es que vas a quitarte la ropa.

—Ja, ja… es importante causar una buena impresión.

—Y ¿a quién quieres impresionar, exactamente?

Llegaron tarde, lo cual no pareció importarle a Flavio, que se empeñó en presentar a Darío como su profesor de literatura, y a gastar bromas sobre sus clases privadas.

Se aburrió durante horas de espera mientras que un equipo técnico bastante reducido terminaba de montar algo parecido a una escenografía cutre, que simulaba ser una celda, perdiendo el tiempo con las cosas más absurdas. Pero sin duda, lo que más exaspero a Darío fue el cambio de personalidad del joven que de golpe se había convertido en Flavio Love, estrella del porno. Una especie de chaval atolondrado, y malhablado que se reía por tonterías, y se comportaba como un niño engreído, sabiéndose el centro de las atenciones y miradas del resto.

Y es que, en efecto, Flavio era el centro de esa película. Llevaban varios días rodando diferentes escenas de lo que sería una película bastante elaborada, para ser porno, en la que Flavio interpretaba a un chico inocente e ingenuo que entraba en prisión injustamente, y conseguía sobrevivir entre matones a base de favores sexuales. Un cliché, sin duda, pero qué bien que le queda el papel a Flavio. Tras su paso por maquillaje, hubieras jurado que era virgen, podía haber interpretado a un santo con sus rizos dorados, esa boca jugosa y esos ojos verdes de mirada intensa.

Estuvieron ensayando un par de horas, memorizando las posturas, las posiciones en el espacio, aun vestidos, marcando, aunque ya se podía adivinar el contacto y la cercanía con la que jugaban. Un último paso por maquillaje, mientras los actores comienzan a masturbarse para empezar la escena empalmados.

Silencio en plató…

Rodando… y acción.

En la escena final, el duro policía de guardia, harto de ser testigo de las hazañas del novato de la prisión, se acerca a su celda en busca de su ración de sexo.

Hey, you, the new one, I’ve been watching you —decía el poli.

Did you like what you saw, officer? —respondía el preso.

Tuvo que hacer un esfuerzo por no reírse mientras rodaban los diálogos, que sonaban forzados y acartonados, pero no parecía importarle a nadie, pues la interpretación, ni el guion eran realmente el propósito de esa película. Aunque debía admitir que el inglés de Flavio no estaba nada mal.

Entonces comenzó.

El actor que interpreta al poli entra en la celda, y cierra la reja. Flavio se pone de rodillas, le baja los pantalones y se mete en la boca la polla que desde hacer un rato está ya dura y erecta. La enorme polla entra y sale de su boca mientras que el actor suelta algunas frases cutres —oh, so good.. yes… — le agarra del pelo, dirige su cabeza. Dentro y fuera, una y otra vez, a veces solo hasta la mitad, de vez en cuando, la deja entrar hasta el fondo, luego la saca para continuar con su mano mientras es Flavio ahora el que habla: —¿You like that?

Oh, yeah…

Y así siguen durante un rato. Dos cámaras se mueven entorno a la escena, una en un plano fijo, otra se acerca para los primeros planos. El equipo técnico de pronto perfectamente coordinado, pues saben que no hay lugar para segundas tomas. Y mientras la mamada continua durante un rato, Darío no puede apartar la mirada, completamente hechizado por la escena que se desarrolla ante sus ojos.

Flavio se quita la ropa entonces, y completamente desnudo se gira hacia la pared, las manos apoyadas, y las piernas semi abiertas como si fueran a cachearlo. Y, por si queda alguna duda, añade perverso: —Are you going to frisk me, officer?

El poli actor lo hace, le pasa las manos por el cuerpo desnudo como si lo registrara en busca de armas, y Darío lo odia por completo. Se detiene al llegar al culo, y se entretiene restregando sus manos. Saca la porra de su cinturón, y le ordena que abra las piernas. El chico obedece, el poli exclama —Oh, yeah, you’re a good boy… — y Darío está completamente empalmado mientras observa como la porra negra se desliza entre sus piernas, juega con la raja de su culo, mientras Flavio gime de placer.  El poli actor se agacha y comienza a besar y morder la piel blanca de sus glúteos, sin una sola marcha de bronceado, abandona la porra y ahora son sus mansos los que abren los glúteos desvelando el orificio limpio y blanqueado del ano de Flavio, que pronto empieza a lamer, la cámara casi pegada a su rostro para captar el momento en el que su lengua larga entra en el agujero, una y otra vez, follando su culo con la lengua y la boca, mientras los gemidos de Flavio se intensifican y la polla de Darío comienza a gotear. Flavio se masturba mientras el poli actor sigue lamiendo su orificio, Darío se sienta en una silla, incómodo ya con su propia erección. La falta de iluminación en el resto del plató le permite pasar desapercibido, aun así, le cuesta mantener el control de su cuerpo, las manos le sudan, el corazón le bombardea el pecho, e intenta ocultar con sus manos la respiración que empieza a agitarse.

El poli actor se pone de pie, a la espalda de Flavio, le da un par de palmadas en el culo antes de empezar a desnudarse. Un cuerpo fornido, de pelo en pecho se acomoda ahora pegado a su chico, sus manos grandes vuelven a acariciarlo, justo antes de arrojarlo de un empujón sobre el fino camastro de la celda ficticia. El director hace un corte en ese momento, para acomodar las luces al nuevo espacio, y la maquilladora se acerca a Flavio, que permanece a cuatro aptas sobre el camastro y aprovecha la pausa para lubricar un poco al chico, una pequeña trampa antes de continuar. La grabación no tarda en reanudarse, se aprovecha el corte para continuar con un primer plano de la penetración. Las embestidas empiezan a cobrar ritmo, el poli actor con una pierna apoyada en el suelo y la otra rodilla sobre el camastro, así continúan un buen rato, sin parar, una y otra vez. La postura cambia, como un baile ensayado, ahora con Flavio boca arriba, una de sus piernas completamente estirada la sujeta su compañero con la mano mientras vuelve a penetrarlo en una postura que no parece muy cómoda, y continúa entrando y saliendo, recuperando el ritmo, acelerándolo a ratos, ralentizando en otros. Los jadeos y comentarios se vuelven repetitivos: “oh, yeah”, “oh, fuck”, “so good”.

Entonces entra en juego otro actor, también vestido de guardia, que interrumpe la escena: —What’s going on here? —finge estar sorprendido, enfadado, pero nadie se lo cree. Tampoco importa porque el objetivo es que se una a la fiesta.

En ese momento a Darío se le toma un nudo en el estómago, no tiene claro si quiere seguir viendo lo que está a punto de pasar, y al mismo tiempo, no es capaz de dejar de mirar. Su chico, sin embargo, no parece preocupado por los excesos, y ya está de rodillas lamiendo y chupando alternativamente a los dos guardias, que gruñen y gimen de forma poco convincente.

Flavio se pone de pie entre los dos hombres, el primer poli actor de pie a su espalda, recorre su cuerpo con las manos, le tira la cabeza hacia atrás para besarlo, y retoma la actividad de follarse a Flavio, sujetándolo con ambas manos, atrayendo su cuerpo hacia su dureza, que se esconde entre sus glúteos, asomando y volviendo a hundirse entre la piel. Mientras el nuevo termina de quitarse la ropa, y se acerca, masturbándose, y empieza a besar a Flavio, continúa lamiendo su cuerpo, bajando con la lengua por su torso expuesto, hasta llegar a su polla, que empieza a lamer, y a masturbar con al mano alternativamente. Flavio parece volverse loco, gime y jadea, con la cabeza echada hacia atrás, y todos los músculos en tensión. Y Darío ya no aguanta más, está inflamado, siente un dolor agudo en los testículos, necesita correrse, y está seguro de que le bastaría apenas tocarse para llegar al orgasmo. ¿Cómo aguantan? Se pregunta, cuando él, que solo está mirando arde por completo, y no cree que pueda aguantarlo más.

Vuelven al camastro, Flavio con manos y rodillas sobre el colchón, y ahora es el segundo guardia a quien le llega el turno de follárselo. Mientras arremete contra su culo con embestidas violentas, el chico jadea, gime y despliega un juego de gestos que nunca le había visto en la cama. Mientras, el otro guardia con su enrome polla se acerca a su precioso rostro, que ya tiene la boca y parte de la cara enrojecidas por la fricción. Flavio sonríe antes de volver a chupar, mientras que el ritmo de las embestidas en su culo se mantiene. Darío está sudando, siente un dolor intenso en la entrepierna y hace lo que puede por controlar su respiración. La imagen de Flavio con dos pollas penetrándolo al mismo tiempo es demasiado, y está a punto de correrse. Su propio cuerpo le suplica que se mueva, y comienza un discreto movimiento oscilante de su pelvis, apenas perceptible, aunque de todas formas nadie le presta atención, piensa que podría sacarse la polla y masturbarse y nadie lo notaría, ese es lo que desea, no… lo que necesita. Su mano aprieta con disimulo la inflamación que lucha por liberarse en su pantalón.

Al fin parece que llegan a la escena final. Flavio se gira boca arriba, una de sus piernas estiradas una vez más, el segundo guardia retoma las embestidas, mientras el primero se masturba cerca de la boca del chico, que abre sus labios hinchados aguardando la recompensa. Él también se masturba, y cuando el liquido lechoso comienza a salpicar su cara, su boca, su propio semen se dispara en espasmos, acompañado de los jadeos y gemidos de placer de todos. Y basta eso, es suficiente, para que también Darío note como un calor líquido se expande por su pelvis, empapando el pantalón, mientras estalla irremediablemente en un orgasmo brutal que lo recorre electrizando cada poro de su cuerpo, y toma toda su fuerza de voluntad contener un gemido gutural de placer.

El ultimo de los guardias, abandona la tarea de las embestidas para unirse a la fiesta de eyaculaciones que desparraman sobre la fina piel de su chico.

¡Coten! — anuncia el director.

Todos a las duchas.

La escena se detiene abruptamente. Y de golpe dejan de ser sus personajes de ficción. La sonrisa de Flavio vuelve a ser familiar para Darío, también su caminar lánguido y descuidado. Se dicen algo entre los actores, con cierta complicidad jocosa, como quien acaba de terminar de jugar un partido amistoso de tenis. Luego se acerca trotando hasta donde está Darío, que intenta ocultar la mancha en sus pantalones con su gabardina.

—No te beso que estoy muy guarra… Voy a darme una ducha y vuelvo enseguida—dice, como si quisiera asegurarle que no se ha olvidado de él.

Luego se aleja por un pasillo, cómodo con su propia desnudez. Y mientras lo ve alejarse, contoneándose sin pudor, se pregunta por qué él es el único que no se folla a Flavio.

LEE EL ÚLTIMO CAPÍTULO: https://laurent-kosta.com/2022/04/24/seduciendo-a-flavio-capitulo-6/

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